Hace ya más de diez años, la inestabilidad, la falta de horizonte, la ruptura de sentido o, dicho de otro modo, la falta de suelo o su desahucio precipitó intentos y tentativas generativas de salir al encuentro del otro. Esa fuga permitió elaborar en común lo que nos pasaba con relación a la crisis que bloqueaba nuestras vidas desde 2008. Sin embargo, hoy, esa falta de suelo común nos sitúa en un vacío del que nos defendemos desde el yo, a donde parecemos habernos desterrado. Entre los impasses de la época y la desorientación generalizada ante un mundo que nos desafía con un sinfín de amenazas y horizontes apocalípticos, se extienden el malestar y la angustia. La angustia es un afecto que pasa por el cuerpo, pero quizá convenga pensarlo como señal de un momento inquietante. Aunque muchas veces no resulte sencillo discernir el origen de la angustia, en este texto queremos tantear una genealogía posible del malestar de la época y sus efectos políticos paralizantes. Para ello, provocaremos un encuentro entre la teoría psicoanalítica y el pensamiento ecológico de Bruno Latour e Isabelle Stengers.
Estévez Vilariño, B. & Criado, T.S. (2025). La crisis de las crisálidas: Revitalizar la política en el fin del mundo. In F. Quiroga (Ed.) Agenciamientos ecológicos. Arte y gobernanza en la era de la crisis climática (pp. 21-38). A Coruña: Bartlebooth
Brais Estévez Vilariño